miércoles, 23 de enero de 2019

La Bancarrota del Pacifismo Armado

El reconocimiento del atentado a la Escuela General Santander por parte del ELN y su justificación del hecho, reafirman la bancarrota de esa organización que, como se dijera en Revolución Obrera hace cerca de un año con motivo de los otros atentados, se encuentra“derrotada ya para emprender cualquier tarea verdaderamente revolucionaria” y, por el contrario, a pesar de la “radicalidad” de sus actos, sus jefes siguen el camino trazado por sus iguales de las FARC:

  • Bombazos para acogerse al plan burgués imperialista de la falsa paz cuya base económica es la legalización del despojo de las tierras usurpadas a los campesinos pobres y medios; traicionados y sacrificados ya en los Acuerdos de La Habana.
  • Bombazos para presionar un acuerdo de paz reaccionario que legitimará, como en los Acuerdos de La Habana, el monopolio de las armas en manos de las fuerzas militares y paramilitares que han ahogado en sangre todo grito de rebeldía de las masas populares sometidas a la más cruel superexplotación.
  • Bombazos para que los jefes del ELN anuncien su decisión de abandonar la lucha y arriar las banderas de la revolución que un día levantaron, para arrodillarse al poder del capital y firmar la paz de los sepulcros, traicionando el ideario de sus fundadores.

A pesar de la experiencia reciente del incumplimiento a los jefes de las FARC, de la burla a la guerrillerada con las promesas de reincorporación y el asesinato sistemático de los desmovilizados; a pesar de la repetición de la historia de la falsa paz burguesa y la continuidad de la guerra contra el pueblo, el estruendoso atentado del ELN solo busca presionar la continuidad de las negociaciones de sus jefes con las clases dominantes.

Esas negociaciones, reiteramos, son una claudicación ante los enemigos del pueblo colombiano y una traición a las ideas revolucionarias que le dieron origen a esa organización; e independiente de las vicisitudes de tales negociaciones y el alboroto del Gobierno Duque y los medios de comunicación ahora, los jefes del ELN seguirán negociando y terminarán firmando un acuerdo con las clases reaccionarias porque ya se encuentran ideológicamente desarmados y su programa reformista puede alcanzarse participando en la institucionalidad burguesa.

El pacifismo armado de la pequeña burguesía se encuentra en bancarrota, pero deja importantes enseñanzas para el movimiento revolucionario, especialmente para el movimiento obrero: deja en claro que los bombazos son inútiles y perjudiciales para el avance de la lucha revolucionaria de las masas, pone de presente la necesidad de un Programa Revolucionario y la urgencia de un Partido capaz de dirigir la lucha de todos los explotados y oprimidos para llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad. La pequeña burguesía reformista, armada y desarmada, ha demostrado su incapacidad para organizar las fuerzas que deben resolver de fondo los problemas de la sociedad colombiana.

Solo el proletariado organizado como Partido político independiente puede forjar la alianza obrero-campesina, fuerza principal de la revolución socialista, y dirigirla al cumplimiento de su misión; por ello los obreros de avanzada persisten en su tarea central de dotar a la clase obrera de su destacamento de vanguardia, e insisten en su llamado a la militancia revolucionaria de base de las FARC y el ELN a no claudicar en la lucha contra la burguesía, los terratenientes y el imperialismo; a abrazar sin reservas la ideología del marxismo leninismo maoísmo contribuyendo al propósito de construir el instrumento imprescindible para alcanzar la victoria sobre los enemigos: el Partido Comunista Revolucionario.

El camino del pueblo colombiano no es la llamada “solución política del conflicto” como afirman las clases dominantes y los jefes reformistas armados y desarmados, ni y el regateo de migajas en las mesas de los explotadores; por el contrario, el camino sigue siendo persistir en la labor paciente de preparar a las masas para la Guerra Popular, para la insurrección que destruirá todo el poder de los imperialistas, la burguesía y los terratenientes; un propósito en el que están empeñados los proletarios revolucionarios y al cual debe unirse la base honrada de las FARC y el ELN.

La bancarrota del pacifismo armado es un hecho irrefutable. Sus bombazos, tanto de las FARC anteriormente como del ELN ahora, solo tenían y tienen la perspectiva de integrar a sus jefes en el aparato de dominación de los capitalistas para desde allí poner remiendos al asqueroso sistema de explotación asalariada y opresión semicolonial imperialista. Un sistema y un aparato de dominación que ya no admiten reformas sino que deben ser destruidos y sustituidos por el Socialismo y un nuevo Estado de obreros y campesinos, solo alcanzables mediante la violencia revolucionaria de las masas.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Enero 22 de 2018

Con Motivo del 95 Aniversario de la Muerte de Lenin


Lenin, uno de los grandes maestros de la clase obrera, falleció el 21 de enero hace 95 años. Con ocasión de esta efemérides reproducimos el discurso del camarada Stalin, pronunciado en el 2º Congreso de los Soviets de la URSS, el 26 de enero. Este opúsculo resumen magistralmente las enseñanzas imperecederas de ese gigante del pensamiento y de la acción.
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Camaradas: Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Nosotros formamos el ejército del gran estratega proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada más alto que el título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin. No es dado a todos ser miembros de este Partido. No es dado a todos resistir los infortunios y las tempestades a que están expuestos los miembros de este Partido. Los hijos de la clase obrera, hijos de la miseria y de la lucha, hijos de privaciones inconcebibles y de esfuerzos heroicos; ellos son, ante todo, los que deben militar en este Partido. Por eso, el Partido de los leninistas, el Partido de los comunistas, se llama también el Partido de la clase obrera.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGÓ QUE MANTUVIÉRAMOS EN ALTO Y CONSERVÁSEMOS INMACULADO EL GRAN TÍTULO DE MIEMBRO DEL PARTIDO. ¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE CUMPLIREMOS CON HONOR ESTE TU MANDAMIENTO!

viernes, 18 de enero de 2019

¡No al terrorismo! ¡Sí a la lucha revolucionaria de masas!

El rechazo del proletariado revolucionario a los actos terroristas, no tiene nada en común con los estridentes alaridos hipócritas de las clases dominantes y sus corifeos…

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El atentado con un carro bomba a la Escuela de Cadetes General Santander en Bogotá, que dejó varios muertos y más de medio centenar de heridos, ocasionó el rechazo general de los representantes de la burguesía, la pequeña burguesía y los medios de comunicación. Rechazo al cual se han sumado algunos representantes de organizaciones de masas y medios independientes. Aunque no se sabe quién está detrás del mismo, los comunistas revolucionarios en calidad de auténticos representantes del proletariado, también rechazan este nuevo acto terrorista pero por razones muy distintas a las aludidas por los enemigos del pueblo colombiano.

El rechazo del proletariado revolucionario a los actos terroristas, no tiene nada en común con los estridentes alaridos hipócritas de las clases dominantes y sus corifeos, quienes, en palabras del presidente Duque, arguyeron que éste era “un ataque contra la sociedad”. El verdadero ataque contra la sociedad lo están cometiendo ellos, quienes ejercen el más grande reino de terror en la historia y cuya paz mentirosa ha significado para el pueblo nuevas masacres, asesinato de dirigentes sociales, defensores de “derechos humanos”, reclamantes de tierras y nuevos desplazamientos forzados.
Los comunistas revolucionarios rechazan este tipo de actos terroristas que cuando no son orquestados por las facciones más derechistas de las propias clases dominantes, son protagonizados por revolucionarios de la pequeña burguesía, quienes en sus desespero tratan de sustituir la lucha revolucionaria de las masas, por la “lucha” de un “puñado de individuos” separados de ellas, que posan de “salvadores” y dicen “luchar por las masas y el pueblo”. Las masas y el pueblo no necesitan esos supuestos salvadores, ni gentes que “luchen por ellos”. Tales “salvadores” solo obstaculizan su lucha, dispersan sus esfuerzos, desorganizan el movimiento y, por el contrario, en lugar de contribuir a la lucha revolucionaria, sirven de pretexto a los reaccionarios para criminalizar el movimiento y justificar sus medidas antiobreras y antipopulares.

El atentado del 17 de enero en Bogotá le sirve al Gobierno de Duque y al uribismo para imponer nuevas medidas represivas contra el movimiento social y seguir justificando la criminalización de la protesta social, ya sindicada por el chafarote Ministro de Defensa de ser “auspiciada y promovida por grupos al margen de la ley”; argumento que sirve a la vez para amparar la actividad criminal de los grupos paramilitares e intensificar el asesinato de dirigentes obreros y populares. Algo muy conveniente para el Gobierno en momentos en que trata de imponer la Agenda Empresarial de los grandes monopolios.

El movimiento obrero y popular no debe dejarse deslumbrar por los actos terroristas, ni unirse a las clases dominantes, cuyos chillidos contra el terrorismo son una cortina de hipocresía para ocultar su terror estatal que a diario asesina compañeros dirigentes del pueblo, para adormecer la conciencia de los trabajadores y disuadirlos de enfrentar con la lucha revolucionaria las medidas reaccionarias. Por el contrario, debe arreciar la unidad, organización y lucha de las masas trabajadoras en preparación del Paro Nacional Indefinido que frene ahora la voracidad y criminal dictadura de los explotadores; este camino contribuye a prepararse para desatar la insurrección que en el futuro le permitirá conquistar el poder y poner fin a la explotación asalariada y al terror dictatorial de los enemigos del pueblo colombiano.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Enero 17 de 2019

El discurso de Iván Márquez y el ocaso del reformismo armado


Lamentos de un arrepentido

La bancarrota de las Farc demuestra la bancarrota de la lucha por migajas, por reformar el sistema y el podrido y caduco Estado burgués terrateniente, inclusive cuando se usan las armas para tal fin… 

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En un video publicado desde la clandestinidad en 14 de enero, Iván Márquez afirmó que había sido un error haber dejado las armas antes de asegurar la reincorporación política, económica y social de los exguerrilleros de las Farc. Declaración que causó gran revuelo entre los burgueses y defensores de su paz.

Los últimos acontecimientos en el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – FARC, sumada a la mencionada declaración de Iván Márquez demuestran la bancarrota y descomposición a la cual llegó ese partido después de la firma de la falsa paz, evidenciando en los hechos que la FARC es un partido rosadito, reformista y “defensor del orden burgués”. Tal es la conclusión a la que llega cualquier persona del común, pero ya evidenciada en dos cartas escritas por sendos ex comandantes de esa organización y publicadas el 18 de octubre del 2018 (ver cartas) y donde se puede leer lo siguiente: quién lo creyera, algunos de nuestros jefes como Timo, por ejemplo, se han dedicado a defender el orden burgués con un inesperado y sorprendente celo”. Las denuncias contra los burócratas de esa organización indican que el tortuoso camino del reformismo armado llegó al final. Un resultado previsto y denunciado por los comunistas en Revolución Obrera, como se puede apreciar en el folleto Sin Revolución no Habrá Paz para el Pueblo.

Para el proletariado consciente no es una sorpresa el resultado de dicha organización, como no lo es la violación o incumplimiento de los acuerdos, ni el asesinato sistemático de las bases desmovilizadas; pues tal es la lección que se ha aprendido a través de la historia de las amnistías en Colombia, racionalizada por los obreros revolucionarios de las revistas La Clave y Contradicción a finales del siglo pasado (ver, La historia de las amnistías una historia de engaños, Revista Negación de la Negación No. 1, pág. 121 y subsiguientes). Lo ocurrido es el resultado lógico de la concepción reformista de los dirigentes de las Farc, y no de ahora sino de los históricos, como por ejemplo Jacobo Arenas, quien en Casa Verde a mediados de los 80, reconoció que la guerra entre las Farc y el Estado era una guerra boba e inútil; una guerra en la que según él ni el Estado era capaz de acabar con las Farc, ni las Farc eran capaces de derrotar al Estado.

En el Centenario del levantamiento Espartaquista y el asesinato de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht


El 15 de enero se cumple el Centenario del asesinato de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht y la posterior derrota de la revolución alemana liderada principalmente por los espartaquistas. Luxemburgo y Liebknecht fueron grandes dirigentes del proletariado alemán e internacional que pagaron con sus vidas la derrota de la revolución alemana desarrollada a finales de 1918 e inicios de 1919. Desde Revolución Obrera queremos remarcar la fecha y señalar algunos puntos que son necesario rescatar y recordar, no solo a los lectores interesados en la historia del movimiento obrero mundial, sino a los obreros y campesinos avanzados, como también a la intelectualidad revolucionaria que comienza a acercarse a la ciencia del marxismo para encontrar respuestas o luces para resolver los enormes problemas que aquejan a la decadente sociedad actual.

La Revolución de Octubre inauguró la Era de la Revolución Proletaria Mundial


La Revolución de Octubre liderada por el Partido Bolchevique en Rusia de 1917 transformó radicalmente la historia de Europa e inauguró la Era de la Revolución Proletaria Mundial. Un periodo que va desde el tránsito del capitalismo en su última fase imperialista al socialismo, un sistema social que se hace posible en los eslabones débiles de la cadena imperialista y donde la clase obrera está mejor organizada y preparada para instaurar su dictadura de clase en alianza con los campesinos.
Cabe recordar que en la Primera Guerra Mundial iniciada en 1914, las potencias europeas agrupadas en la Entente y las agrupadas en torno a las Potencias Centrales se disputaron a sangre y fuego el control territorial, mercados, colonias y mano de obra ya repartida antes de la guerra, ya que solo por medio de la guerra podían resolver las contradicciones desatadas por la profunda crisis del sistema. La guerra fue una política imperialista para ganar una mejor posición y mayores ganancias para el bando vencedor. Bastaron solo tres años guerra de para convertir a Europa en enormes montañas de cadáveres, trincheras nauseabundas, pestes mortales y la destrucción de cuantiosos bienes producidos en Europa. Aquella barbarie recibió el espaldarazo de los oportunistas europeos, los “héroes” de la Segunda Internacional, quienes estuvieron de acuerdo y dieron sus votos para los créditos de guerra, estuvieron de acuerdo con que los obreros y campesinos de toda Europa se mataran por los colores nacionales de los imperialistas.

lunes, 14 de enero de 2019

¡Ni el Estado ni los Politiqueros! ¡Solo el Pueblo Salva al Pueblo!


En el editorial del 30 de diciembre pasado, El 2018: un año de agudas contradicciones y rebeldía popular, se hizo la siguiente afirmación: “frente a la debilidad de las clases dominantes y el Gobierno, acuden como salvavidas los jefes de los partidos reformistas de la hoy llamada “bancada de la oposición”, esa amalgama de tendencias liberales, socialdemócratas y oportunistas que van desde los verdes, pasan por los multicolores, los de la rosa y los amarillos, hasta llegar a los rojos desteñidos del falso Partido Comunista (mamerto), el Moir y otros movimientos avalados por sus congéneres, falsos marxistas leninistas y renegados marxistas leninistas maoístas”.

Se denunció allí lo inservible que son los lastimeros discursos de esa “oposición” en el establo parlamentario, su comportamiento servil ante las clases dominantes, no solo por prestarse para barnizar su brutal dictadura, sino además por desviar la lucha revolucionaria de las masas hacia el camino reformista de las peticiones respetuosas al Gobierno y en respaldo a sus inútiles alegatos, sembrando ilusiones en que la terrible situación del pueblo puede cambiar si se elige a los “buenos” en la próxima farsa electoral.

Algunos compañeros asaltados en su buena fe por esos politiqueros creen que tales afirmaciones son exageradas y siguen creyendo que esa “oposición” sí presta alguna ayuda a la lucha del pueblo, lo cual hace necesario insistir en una consigna que ha tenido acogida en importantes sectores de la clase obrera y el pueblo porque indica con toda nitidez en quien sí se debe confiar: ¡Ni el Estado, ni los Politiqueros, Solo el Pueblo Salva al Pueblo!

Pues bien, los compañeros engañados deben preguntarse ¿por qué personajes de la llamada izquierda como Gustavo Petro, catalogado como “principal opositor” de Duque y del uribismo, terminan congraciándose con el narcotraficante genocida Uribe prometiéndole que “será en esta izquierda, donde la derecha encontrará protección”?

El problema no está en que ese tipo de personajes actúen de mala fe; algunos lo hacen de muy buena fe y creyendo sinceramente en que están “ayudando” al pueblo. Por fortuna para los proletarios y los revolucionarios sinceros, el marxismo brinda una explicación coherente basándose en el análisis de clase, pues solo así, conociendo cuáles son los intereses de cada clase, se puede comprender la actuación política de sus representantes y evitar ser engaños por sus frases, discursos y promesas, como se ha reiterado en este medio.

Ese análisis de clase indica que en la sociedad colombiana las clases fundamentales son los capitalistas (burgueses y terratenientes) propietarios del capital y de las tierras, que viven de la ganancia, el interés y la renta del suelo, y los proletarios propietarios de la fuerza de trabajo, cuya subsistencia depende del salario. Sin embargo, existen otros sectores que se encuentran en la mitad o en transición entre las dos clases fundamentales, siendo asimilados, o bien por el proletariado o bien por la burguesía; a esa categoría pertenecen los pequeños comerciantes, artesanos y campesinos, los altos funcionarios públicos y privados, los empleados profesionales, técnicos y administrativos y otros intelectuales, e incluso unos cuantos burócratas sindicales, quienes siendo asalariados en lo económico, muchos de ellos disfrutan de los privilegios que les otorga la burguesía.

El capitalismo imperialista sigue en crisis y desata las fuerzas de la revolución


 Se ahonda la crisis económica del capitalismo mundial

La situación no es alentadora, al menos para los grandes capitalistas y quienes sueñan con que el sistema puede salir a flote de la enorme crisis económica en que se hunde desde hace una década. La gran crisis del capitalismo mundial es un problema, no solo difícil, sino imposible de superar. Imposible, pues es una crisis de sobreproducción, que es a su vez una de las características intrínsecas del capitalismo: la anarquía de la producción, que hace imposible su planificación, pues no está basada en las necesidades de la sociedad, sino en el insaciable apetito de ganancia y en el conflicto antagónico mundial entre una producción cada vez más social y en una apropiación cada vez más privada concentrada en unos cuantos grandes grupos monopolistas que usufructúan los medios de producción, las materias primas, los territorios y la fuerza de trabajo de la sociedad. La crisis económica saca y revela ante toda la sociedad, la profunda contradicción económica del modo de producción capitalista, entre las fuerzas productivas creadas por el trabajo social rebeladas contra las relaciones sociales de producción capitalista basadas en la esclavitud asalariada, que constriñen su desarrollo.

Riqueza concentrada en un puñado de parásitos y hambre y miseria concentrada en el polo de los productores, donde, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hasta 2017 las cifras de pobreza crecieron de manera vertiginosa, contabilizando 821 millones de personas en condición de hambre, concentradas principalmente en Asia, África y América Latina, pero con índices de crecimiento también en el resto del mundo.
Parasitismo creciente y estrangulación de la sociedad e incluso de los Estados a manos del capital financiero. De acuerdo con las cifras del Fondo Monetario Internacional, la deuda pública de los Estados en el mundo aumentó en un 225% del producto interno bruto mundial hasta el 2016 y no tiene visos de mejoría; una cifra mayor que en el 2009 cuando aterrados tuvieron que reconocer la existencia de la gran crisis del sistema capitalista. Esta deuda pública actual está en la histórica cifra de 164 billones de dólares, siendo los países más endeudados China, Estados Unidos y Japón.