jueves, 16 de agosto de 2018

¡UNIR LAS LUCHAS DEL PUEBLO CONTRA EL NUEVO GOBIERNO DE LOS RICOS!

 

Pululan las creencias reformistas de que en el sistema capitalista, el Estado de la republica democrática burguesa es una institución por encima de las clases donde la democracia y la libertad de gobernar son accesibles para todos los ciudadanos. Contra tan engañosas ideas, el marxismo enseña la verdad: el Estado es una máquina de fuerza para ejercer el dominio de unas clases sobre otras, donde el poder político le pertenece a las clases económicamente dominantes; entre más democrática sea la república burguesa más grosero y cínico es el dominio de la fuerza del capital que transforma en marionetas todas las instituciones estatales incluidas las elecciones, y el gobierno elegido en ese Estado burgués no es más que una junta administradora de los negocios comunes de los capitalistas.

En Colombia, país capitalista oprimido, el Estado concentra el poder político de la burguesía, los terratenientes y sus socios imperialistas, clases económicamente dominantes, explotadoras del trabajo de las demás clases sociales. La libertad burguesa es la libertad de explotar y oprimir a los trabajadores, reprimir sus organizaciones, acallar sus voces, criminalizar su movilización y rebeldía. La democracia burguesa es la declaración formal de derechos para el pueblo escrita con tinta desteñida sobre el papel mojado de la constitución y las leyes, es la burda y descarada farsa electoral mediante la cual, cada cuatro años legitiman al presidente y los congresistas que han de oprimir y aplastar al pueblo.

Así ha ocurrido durante toda la historia republicana de este país. Y como parte de esa historia en las últimas décadas, las clases dominantes, las clases dueñas de los bancos, de la industria y de la tierra, en un contubernio lacayuno con el imperialismo, principalmente de Estados Unidos, mediante la fuerza de su capital, han designado para la junta administradora de sus negocios comunes, al gobierno de Uribe Vélez, que durante ocho años ejerció la dictadura de los capitalistas bajo la forma de un régimen mafioso y paramilitar, cuyo terror estatal en la sanguinaria guerra contra el pueblo, fue la forma abierta de oprimir a los pobres de la ciudad y del campo para intensificar la superexplotación de los obreros, arrasar las prestaciones sociales de todos los trabajadores, expropiar y desterrar a los campesinos.

Después, la junta administradora de los negocios comunes de los capitalistas, fue el gobierno de Santos, fiel representante de los dueños del capital y defensor de la dominación semicolonial imperialista, que durante los siguientes ocho años ejerció la dictadura de los ricos bajo la forma de la “paz social”, mentira burguesa apoyada por incautos demócratas, por la “izquierda” reformista y principalmente por los jefes guerrilleros peleles en la tragicomedia del “acuerdo de paz”. La política de “paz social” sirvió de mampara a la continuidad de la guerra contra el pueblo, al terror estatal de los crímenes mal llamados “falsos positivos”, a la legitimación del despojo a los pobres del campo, a la legalización de las tierras adueñadas por los “compradores de buena fe”, al auge de la agricultura empresarial, al rigor de un más pesado yugo de opresión y explotación de todos los trabajadores.

Hoy, el poder del capital ha entregado la administración de sus negocios comunes al gobierno de Duque. Un gobierno que dentro de la lucha intestina de las clases dominantes por el manejo del poder, representa el peso del capital mafioso en la economía colombiana y su entrelazamiento con diferentes ramas, principalmente la del capital financiero. Por tanto, representa también el peso de sus representantes políticos uribistas, agrupados en el Centro Democrático a órdenes del capo Uribe Vélez, respaldados por representantes políticos de otras facciones de las clases dominantes y muy directamente por los gremios empresariales.

El gobierno de Duque muestra materialmente la relación directa entre el poder económico del capital y el poder político, donde los empresarios mismos tomaron asiento en los principales ministerios e institutos gubernamentales para administrar directamente sus negocios comunes.

CAMARADA IGNACIO


¡TU MUERTE PESA MÁS QUE UNA GRAN MONTAÑA PARA LOS COMUNISTAS!

 A la familia, amigos y camaradas del incorruptible camarada Ignacio.


Reciban de parte del Comité de Dirección de la Unión Obrera Comunista (mlm) un saludo fraternal, solidario, sincero, rojo y un fuerte abrazo para acompañar la despedida de nuestro viejo camarada de hierro.

Permítannos recordar para el conocimiento de todos sus compañeros de clase y camaradas de lucha, algunos aspectos de su vida.

El camarada Ignacio provenía de una familia proletaria y desde muy joven, siendo aprendiz del Sena, se vinculó al movimiento obrero. Trabajó como obrero de camisas Arrow y posteriormente de Cementos Caldas en donde se destacó como dirigente llegando a ocupar la presidencia del Sindicato.

Su vida de obrero abnegado en su trabajo, fue la condición material en la que forjó su profundo espíritu de servir al pueblo, como sindicalista frentero y beligerante en la fábrica; como luchador revolucionario en las calles con sus poderosos brazos lanzando piedras para enfrentar la fuerza pública, desafiando el toque de queda instaurado durante la histórica huelga de Tejidos Única en 1974, mostrando a la clase obrera una forma directa de enfrentar al gobierno y sus leyes absurdas.
Su inquebrantable espíritu le hizo acreedor del odio de la clase explotadora en la empresa Cementos Caldas en la cual libró una verdadera guerra que culminó con su despido como retaliación por una de sus importantes huelgas.

Como proletario consciente fue capaz de orientarse para desprenderse de la dirección revisionista del partido mamerto, como del revisionismo armado de las Farc, para vincularse en calidad de comunista a las tareas por la construcción del Partido que necesitan los proletarios para acabar con la explotación y la opresión. En esa condición fue activo defensor y difusor de la revista Contradicción, y miembro cofundador del Grupo de Obreros Comunistas Francisco Garnica y de la Unión Obrera Comunista (mlm) en 1998. En la comisión que discutió el problema de la prensa en la Primera Asamblea de la Unión, fue el camarada Ignacio quien propuso el nombre de Revolución Obrera a nuestro órgano central, propuesta que fue acogida por unanimidad de aquel evento democrático.

Como camarada experimentado nos iluminó con su gran experiencia y sabiduría curtida en la capacidad de organizar obreros conscientes para la lucha y en el cómo llevar a la práctica la verdadera disciplina comunista. Siempre nos sentimos seguros cuando ejercía de poste en los mítines a la madrugada en las zonas industriales, cuidando de sus camaradas. Siempre recodaremos los brillantes, dialécticos y sencillos discursos de cierre en nuestros eventos democráticos como un viejo comunista de hierro.

LA PARTIDA DE UN VIEJO Y QUERIDO CAMARADA



Es incalculable la pérdida de un viejo camarada en nuestras filas, y más aún cuando ese querido camarada gozó de unas cualidades excepcionales y de una firmeza ejemplar durante toda su vida de militante. La sencillez, la humildad, la disciplina y la perseverancia ennoblecen y engrandecen a cualquier hombre, pero cuando esas cualidades se unen en la lucha por la liberación de todo el género humano se trasciende más allá de las fronteras de la vida de los hombres comunes. El camarada Ignacio fue un luchador incansable, un hombre de estirpe guerrera.

Hace menos de dos años que conocí al camarada Ignacio, la primera impresión que me dio fue la de un hombre muy prudente, en reuniones procuraba hablar solo en los momentos precisos y de las cosas que conocía, además sabía preguntar cuando ignoraba algo. En su vida personal, el camarada practicó una vida sencilla, esa sencillez que generalmente acompaña a las personas grandes de espíritu.

Con el trascurrir del tiempo y de pláticas con él, conocí que el camarada Ignacio fue un obrero consciente toda su vida, un sindicalista de avanzada que participó en el esplendor del sindicalismo independiente; cómo recuerdo con nostalgia esa charla cuando me lo contó: “Cuando me inicie en todo esto, yo me acerque a los mamertos (Partido Comunista), y trabajé en el sindicato de la empresa, pero se da uno cuenta que la cosa no es por ese camino, ahí fue cuando conocí la revista Contradicción”. En esa charla también me contó sobre la alegría de las victorias sobre los burgueses industriales gracias a la grandiosa fuerza de los sindicatos de aquella época.

También me acuerdo mucho de su rostro de desconsuelo porque yo soy joven y no conozco nada de eso y estos tiempos han sido de derrota. Al camarada Ignacio le gustaba mucho compartir sus experiencias de lucha. Otra de las conversaciones de las que nunca me olvidaré fue cuando me habló del periodo que se vino a pique el sindicalismo independiente y terminó despedido de la empresa, de cómo por las listas negras en ningún lado pudo conseguir trabajo, paso muchas necesidades con su familia y le tocó ir a trabajar a una mina como mecánico para poder subsistir con un salario miserable. Hoy recuerdo nuestra charla y se reafirma en mí el pensamiento del gran guerrero que fue Ignacio.

El camarada sufría de una enfermedad en el sistema circulatorio que lo limitaba mucho, padecía de fuertes dolores que nunca fueron un obstáculo para participar en la vida militante. Me vine a percatar de esa situación con el tiempo de conocerlo, porque él no era un hombre de quejarse y en su aspecto físico se asemejaba a un roble. Por eso la noticia de su muerte me causó gran dolor y la sensación de una enorme perdida. Para nosotros y su familia su muerte pesa más que toda la cordillera junta, la clase obrera en Colombia también perdió a un noble servidor y un fiel amigo que en ningún momento soslayó el anhelo más preciado y buscado por los auténticos comunistas en Colombia: Construir el partido de la clase obrera.

Honrar al camarada Ignacio es cumplir su anhelo, continuar su tarea y emular su ejemplo de vida. En tiempos de derrota y de renuncias, qué glorioso y brillante es morir vestido con la militancia comunista.

“Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez, y hay que vivirla de forma que no se sienta un dolor torturante por los años pasados en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino, y para que al morir se pueda exclamar: ¡toda la vida y todas las fuerzas han sido entregadas a lo más hermoso del mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad! Y hay que apresurarse a vivir. Pues una enfermedad estúpida o cualquier casualidad trágica pueden cortar el hilo de la existencia”. (De la novela Así se templó el acero de Nikolai Ostrovski).

Un camarada de Ignacio

EN HOMENAJE A PEDRO VÁSQUEZ RENDÓN EN EL 50 ANIVERSARIO DE SU MUERTE


El 5 de agosto de 1968 fue vilmente asesinado el camarada Pedro Vásquez Rendón, dirigente del partido del proletariado colombiano, por aquella época llamado Partido Comunista de Colombia (marxista – leninista). Aquel era un destacamento muy distinto del grupo oportunista que todavía lleva ese nombre.

Pedro Hernando Vásquez Rendón se erigió en el jefe del proletariado colombiano en lucha contra el revisionismo jruschovista y en fiero combate contra la camarilla revisionista del Partido Comunista Colombiano, seguidor de las teorías oportunistas de “la transición pacífica, la convivencia pacífica y la emulación pacífica” y del “partido de todo el pueblo y Estado de todo el pueblo” con que la nueva burguesía socialimperialista rusa (socialista de palabra pero imperialista de hecho) enmascaraba su traición al proletariado y ocultaba el restablecimiento de las relaciones capitalistas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS, posterior a la muerte de José Stalin.

La camarilla revisionista encabezada por Gilberto Viera, Filiberto Barrero y Álvaro Vásquez del Real ante la contundencia de la crítica marxista, en lugar de corregir sus errores de marchar a la cola de la burguesía colombiana y de sembrar ilusiones pacifistas entre el proletariado y los pobres del campo, optó por expulsar a Pedro Vásquez y a otros revolucionarios, ocasionando con ello la justa rebelión en las filas del partido: regionales enteros como el del Magdalena y la Guajira rompieron con la camarilla vieirista y varias organizaciones regionales de la Juventud Comunista hicieron lo propio.

Pedro Vásquez Rendón junto con Pedro León Arboleda, Libardo Mora Toro, Francisco Garnica, Carlos Alberto Morales, Ricardo Torres y Aldemar Londoño, entre otros tantos camaradas, encabezaron aquella justa rebelión reconstituyendo el destacamento de vanguardia proletario, desnaturalizado por el revisionismo; rebelión que culminó con la fundación del Partido Comunista de Colombia (marxista – Leninista) en el X Congreso comunista celebrado en julio de 1965.

De entre aquellos gigantes héroes proletarios, Pedro Vásquez marchaba al frente por su más amplia visión y su mayor experiencia, así como por su devoción y entrega a la causa de la clase obrera. Sus trabajos en la defensa de la ciencia de la revolución, sus análisis sobre el carácter de la sociedad colombiana y sus aportes a la solución de los problemas derivados de esa caracterización como el de la construcción del Partido, de la estrategia y la táctica, de la guerra popular y la construcción del ejército popular, del frente revolucionario, de la línea de masas… dan cuenta de la estatura de ese gigante.

La muerte prematura de la mayoría de los dirigentes del nuevo Partido a manos de las fuerzas reaccionarias, ocasionada por la equivocación de pretender desarrollar una guerra popular prolongada que rodeara las ciudades desde el campo —en una sociedad donde ya predominaban las relaciones capitalistas—, ligada al débil rompimiento inicial con las tendencias guerrilleristas promocionadas por los dirigentes cubanos y su “foco insurreccional” y la negativa a desarrollar la Campaña de Bolchevización para corregir los errores de “izquierdismo” advertidos por Libardo Mora Toro, causaron que el Partido también se desnaturalizara, y terminara dividido en tres en 1975 y atomizado a finales de los años 70.

Desde aquella época el proletariado carece de su organización partidaria de vanguardia que dirija su lucha por la emancipación. Sin embargo, los proletarios revolucionarios han mantenido en alto la bandera de la necesidad del Partido como instrumento imprescindible para el triunfo de la revolución. Entre ellos la Unión Obrera Comunista (mlm) desde 1998 se embarcó en la histórica tarea de continuar en el terreno político la lucha y contribución, iniciada en 1989 por la Revista Contradicción, a la construcción de ese Partido derrotado y desparecido.

Como herederos legítimos de Pedro Vásquez Rendón, los proletarios revolucionarios marxistas leninistas maoístas que hoy luchan por dotar a la clase obrera de su Partido Comunista Revolucionario, defienden los aciertos de los comunistas marxistas leninistas y critican sus errores, aprenden de su gran experiencia y luchan por superar las limitaciones de sus antecesores, entendiendo que el comunismo en Colombia tiene una larga historia y rica experiencia que constituyen un valiosísimo arsenal para triunfar sobre los enemigos de la clase obrera y el pueblo colombiano.

Y a propósito de ese arsenal, como Homenaje a Pedro Vásquez Rendón en el 50 Aniversario de su Muerte, reproducimos su carta abierta a la camarilla revisionista que lo expulsó en 1963, porque en ella no solo muestra el talante de dirigente que era, sino la vigencia de su pensamiento, muy a la medida de los actuales cánticos de paz y de la politiquería oportunista.

miércoles, 1 de agosto de 2018

PROTESTA SOCIAL ¡ADELANTE!


La Constitución Política de 1991 de la cual tanto se ufanan los reformistas, dice en su artículo 37: “Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho”.
Así lo diga la letra de la Constitución, no existe derecho de reunión ni de manifestación cuando en los hechos las protestas de los trabajadores son reprimidas por las balas y el garrote de las fuerzas policiales, los dirigentes sociales son perseguidos y acribillados por los sicarios paramilitares, las huelgas y paros son declarados ilegales por los tribunales.
Esa es la esencia de la democracia burguesa ¡reconocimiento puramente formal de los derechos y libertades!
No existe libertad de movilización social cuando la misma ley que dice reconocerla condiciona las manifestaciones del pueblo al inofensivo pacifismo, en tanto la violencia reaccionaria y el terror estatal tienen plena libertad de movimiento.
No existe libertad para la protesta social cuando la misma ley que habla de reconocerla como un derecho fundamental, a renglón seguido autoriza limitar su ejercicio mediante leyes posteriores, tales como el reaccionario Código Nacional de Policía, preparado y aprobado respectivamente en los viejos gobiernos de Uribe y Santos, y redactado por el general Naranjo, ungido luego Vicepresidente de la “paz social”.
Ese es el papel del Estado opresor capitalista ¡amortiguar los choques entre las clases, mediante la limitación forzada de los procedimientos y medios de lucha de las clases trabajadoras!
Esa es la paz de los ricos ¡asesinar a quien esté en desacuerdo con sus crímenes!
“Regular la protesta social” es el contenido fundamental del Código Nacional de Policía. La cortapisa atravesada en abril de 2017 por la Corte Constitucional no echó atrás dicho contenido ni lo dejó sin piso como dicen los leguleyos reformistas; simplemente transfirió al Congreso su aprobación antes del 20 de junio de 2019 mediante una ley estatutaria, la misma que hoy invoca el miserable holgazán Guillermo Botero quien será Ministro de Defensa del nuevo Gobierno, en su propuesta de “regular la protesta social para que sea una protesta ordenada que verdaderamente represente los intereses de todos los colombianos y no solo de un pequeño grupo”.
He ahí viva la aplicación de la tal Constitución del 91 ¡ley madre dictatorial de los capitalistas apoyada y rubricada también por los reformistas defensores del “Estado Social de Derecho”!
Los capitalistas jamás admiten de frente que solo defienden su interés de clase de ¡ganar más explotando más! y siempre hablan de “proteger los intereses de todos los colombianos”. Para ellos las luchas y protestas de las grandes masas explotadas y burladas por las promesas de los gobernantes, no son más que “desórdenes de pequeños grupos instigados por agitadores profesionales”.
Los reaccionarios intentan negar que la protesta social de los trabajadores es expresión de la lucha de clases en la sociedad colombiana, en resistencia a la explotación que enriquece cada vez más, a ese sí, pequeño grupo de grandes capitalistas, y en defensa de los intereses y derechos de la inmensa mayoría de la población cuyo trabajo en la ciudad y el campo en vez de resolver sus problemas, es una condena a ser cada vez más pobre.
“Regular la protesta social” es impedir que rompa el orden burgués y afecte las ganancias de los capitalistas. Tal es el tipo de protesta social que gusta a los reformistas: pacífica, sin alteración del orden público y sin paro de la producción.
“Regular la protesta social” significa imponer más limitación forzada a los procedimientos y medios de lucha de los trabajadores, esto es, dar más ventajas y garantías al crecimiento de la ganancia de los capitalistas.
La protesta social que sirve a los pobres de la ciudad y del campo, es por las vías de hecho, la que ellos por propia iniciativa llevan adelante, la que les permite hablar de tú a tú con los gobernantes y empresarios ¡tomando las calles y alterando las ganancias de los ricos con el paro de la producción!
Lejos de disminuir, la protesta social seguirá creciendo avivada por el hambre, el desempleo, el destierro, calamidades propias de la gran crisis social que vive el país y que ahora la agravará el nuevo gobierno encabezado por la facción empresarial uribista y su embestida espoliadora contra los trabajadores.
Los gobernantes con sus leyes y fuerzas armadas pueden reprimir la protesta social de los trabajadores, pero jamás podrán evitarla ni suprimirla pues ella nace de la asombrosa desigualdad económica entre las clases a causa de la explotación capitalista.
No es la voluntad de los gobernantes, sino las contradicciones antagónicas de clase en la sociedad las causantes de la protesta social, las que desatan la rebelión de los pueblos, y con el concurso del elemento comunista revolucionario, esas contradicciones son la base para organizar y llevar adelante la revolución proletaria contra todo el sistema de la esclavitud asalariada.
En lo inmediato, contra los incumplimientos del gobierno y el asesinato de dirigentes sociales, seguir el ejemplo de Fecode de ir a un paro nacional magisterial, seguir el ejemplo de los campesinos, indígenas y comunidades afros de bloquear la Panamericana, aprender y seguir la enseñanza de las masas trabajadoras: ¡solo con la protesta social nos escuchan los gobernantes!
Al Estado que pretende “regular la protesta social”, confrontarlo directamente con más protesta social, con bloqueos y tomas por doquier, con paros y huelgas políticas preparatorias de un gran Paro Nacional Indefinido como forma de protesta social nacional para hacer respetar los derechos de todos los trabajadores.
Contra la “regulación de la protesta social” son inútiles los alegatos de los politiqueros reformistas. ¡Solo la protesta social del pueblo colombiano la echará atrás!
Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)
Julio 30 de 2018

martes, 24 de julio de 2018

¡VIVA EL PARO NACIONAL DEL MAGISTERIO!


Respondiendo a la ola de asesinatos de maestros y demás problemas del gremio, Fecode convocó un nuevo Paro Nacional del Magisterio de 24 horas. Entre los cientos de líderes asesinados en los últimos meses se cuentan siete maestros y decenas más amenazados, situación a la que se suman la deficiencia en infraestructura, dotación, transporte escolar, las fallas en la prestación del servicio de salud, y demás problemas como las evaluaciones y concursos para el escalafón.

El Paro Nacional es una respuesta correcta a las pretensiones del Estado al servicio de las clases dominantes de acallar con el terror las justas demandas del magisterio y el pueblo en general.

El asesinato de docentes no es nuevo, siendo por décadas uno de los sectores sindicales más atacado por las balas estatales y paraestatales. Aun así, ha sido un gremio que ha demostrado gran fuerza en los últimos paros, una buena capacidad de movilización y resistencia, impulsadas fundamentalmente por la base que se niega a permitir la privatización de la educación y la pauperización de sus condiciones.

Aunque las excusas de los asesinatos son muchas, es evidente el afán de callar las voces tanto de maestros como de todo aquel que se oponga a los designios de los burgueses, terratenientes e imperialistas; por ello son justas todas las actividades de denuncia, manifestaciones y paros que buscan poner freno a esta vil matazón. Pero la experiencia ha demostrado que no basta con la manifestación y el paro aislado de cada sector; se hace necesario unir toda la inconformidad y rebeldía de los trabajadores del campo y la ciudad, en una sola y poderosa lucha de todo el pueblo colombiano; en tal sentido, el Paro Nacional del Magisterio debe convertirse en un paso adelante en la preparación del Paro Nacional Indefinido.

La lucha del magisterio colombiano y sus reivindicaciones hacen parte de la lucha general del pueblo trabajador contra la oleada de terror y contra las medidas que se apresta a imponer el nuevo gobierno para satisfacer la voracidad de los imperialistas y grandes monopolios; de ahí que la lucha por la educación pública, la salud, la vivienda, el salario, la pensión, etc., no son algo separado o exclusivo de un sector u otro, porque cada uno está compuesto de proletarios y campesinos de carne y hueso, que sufren al tiempo todas las penurias de un sistema que quiere sobrevivir por encima de quien sea.

domingo, 22 de julio de 2018

YO SOY JUAN, UNO DE TANTOS



Nuevamente iba hacia el trabajo, con actividades preparadas y el paso ligero para llegar a tiempo y estar listo antes de que mis estudiantes estuvieran en el salón. Mientras caminaba recordé que antes debía hablar con algunos padres, entregar las evaluaciones en coordinación, solicitar las fotocopias y preparar los equipos para el video que veríamos ese día.

Me fui acercando, las madres caminaban rápidamente para estar a tiempo en el momento de abrir las puertas del colegio; en el camino algunos saludos de padres de familia conocidos, de estudiantes que en otros años eran apenas mis pequeños de primaria, de colegas también aligerando el paso para llegar a tiempo.

Solo recuerdo que la puerta del colegio se abrió, pero no pude entrar… aquel presentimiento que desde hacía meses me perseguía se materializaba en medio de toda la normalidad de cada mañana. Así es, motorizados, desconocidos, asesinos a sueldo hacían realidad las amenazas recibidas; hoy era mi turno, como lo había sido el de varios de mis compañeros en diferentes regiones del país.

Vi las caras de mis estudiantes, de mis compañeros, de los padres de familia, de los guardas de seguridad del colegio… y de pronto un gran silencio donde pude pensar con más claridad, pero ¿por qué a mí? ¿Cuál es mi delito? Participé en paros y marchas para defender la educación de mi pueblo, algo apenas normal cuando desde que decidí mi profesión juré defender este derecho, respetar y defender a los hijos del pueblo, ayudar a formar a estos niños amándolos como si fueran propios. Enseñé a mis estudiantes a ser críticos, a no comer entero, a entender que mientras unos gozan de privilegios, otros aguantan hambre y que eso no está bien, que debía cambiar. Expliqué a los padres porqué íbamos a paros y como debíamos unirnos para luchar por la educación de nuestros hijos… acaso ¿Ese era mi delito?

Volvió el ruido, los gritos, las caras de angustia… pensé en mi familia, en que dejaría a mis hijos solos, en  ¿quién daría las clases a mis estudiantes hoy? Sentí algo de desespero por todos estos pensamientos, pero como siempre, me tranquilizó la fuerza de mi pueblo, no es la primera vez que enfrentamos esta violencia —pensé— y siempre el pueblo, siempre ha sabido cómo responder e impedir el ataque de los que tienen el poder hacia los que no aceptamos sus designios.

Así la calma fue llegando, llegaba a mi recuerdo un rock que me gustaba por su carácter libertario “…quien grita sin miedo entrega sus alas al vuelo y vuela tan lejos, es ave real llanto y fuego… y vuela y vuela no importa la ira del viento” en ese momento me embargó una gran felicidad al pensar en la lucha de los desposeídos que estaban firmes en sus puestos de combate para denunciar y enfrentar el terror que impone el Estado de los poderosos con todas sus fuerzas militares y paramilitares; finalmente sentí que ese odio de clase, esas ganas de lucha podía transmitirlas a quienes me observaban, entendí que no había sido en vano mi lucha y que “el pueblo no se rinde carajo”.

Soy Juan de Jesús, Evelia, Frank Darío, Dalmayro, Holman, Yaneth, Jhoana; soy los cientos de docentes amenazados en este año, soy los miles de maestros asesinados por las balas del Estado a quien poco le agradan los que pensamos distinto, con orgullo y valentía aboné el terreno de la lucha y no me importa que cueste la vida, la semilla está sembrada y la cosecha ya no puede detenerse.

Docente de base.